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| Retrato de Iván el Terrible |
Noche del 25 de agosto de 1530. Elena Glnskaia, princesa de Lituania, sufre para dar a luz. A su lado, Basilio II, príncipe de Moscovia, se muestra emocionado ante la llegada de un primogénito fuerte y sano. La noticia del nacimiento pronto corre como la pólvora. A pesar de la buena noticia, comienzan los comentarios y los malos augurios. Este triste día llegó al mundo Iván Vasielevich, más conocido por la Historia como Iván el Terrible, el primer zar ruso.
Desde un principio fue colmado de atenciones y mimos, siendo el favorito de sus primogénitos por delante de Yuri, su hermano sordomudo. Iván perdió a su padre cuando contaba con tres años, y se refugió entre los brazos de su madre, que trató de darle la mejor educación y protegerlo dentro de palacio. Los nobles rusos merodeaban el trono de Moscú, tratando de conspirar para conseguir el mando de la nación. A la edad de siete años, el pequeño Iván vio cómo su madre también fallecía, supuestamente envenenada por algún noble. Huérfano, lánguido y reservado, Iván se encontró entonces en el camino al arzobispo primado de la Iglesia ortodoxa rusa, el metropolitano Macario, quien desde entonces asumió su protección.
Recibió una fenomenal educación, pero también engendró un odio inmenso hacia aquellos nobles que rodeaban la corte, y no dudó a la hora de ejercer el poder recibido (fue forzadamente emparentado con la casa imperial romana). Con doce años se dedicaba a arrojar perros al vacío desde las torres del Kremlin; pero pronto se le quedó pequeña tal "distracción" y comenzó a exterminar personas, mandando a la horca a todo aquel que no era de su agrado. Con 15 años, mayor de edad, ya tenía bien ganado el sobrenombre de el Terrible.
El 12 de diciembre de 1546 se presentó ante la Duma (asamblea rusa), con un discurso en que dejó claro que se casaría con una rusa y que sería coronado zar del Imperio, como Iván IV, ante la sorpresa de todos los asistentes. Un mes después fue coronado en la catedral de la Asunción, y se casó con Anastasia Romanov, cumpliendo así todos sus deseos. Con esta boda, el gobernante que anteriormente había aterrorizado a todo su pueblo, trató de conseguir su cariño, recortando impuestos y favoreciendo la creación artística.
Pero pronto se le olvidó esta faceta, y se vio al zar más autoritario. Conquistó Kazán y Astracán, instauró una leva obligatoria, y comenzó la guerra con Livonia (actuales Estonia y Letonia), guerra que comenzó en 1558 y duraría 25 años. Fue en estas batallas donde más se agrandó su leyenda, de la que él disfrutaba. Degollaba, empalaba y torturaba a los prisioneros capturados por sus tropas, y se regocijaba con ello.
Pero lo peor estaba por llegar. En pocos años, Iván IV perdió a su hijo, a su mujer y a su mentor. Se quedó solo, perturbado, y comenzó una brutal represión de nobles y ciudadanos, derramando sangre por toda Rusia. Vicios tampoco le faltaban: torturas, orgías, ... Presumía de haber desflorado a más de mil jóvenes, y asesinar posteriormente a los niños fruto de ello.
Ante la presión para que abdicara, Iván el Terrible tramó un plan en el que, tras retirarse del gobierno dos semanas, informó mediante misivas a la población de los desmanes de sus adversarios, y el pueblo, a pesar de los horrores pasados, reclamaron el regreso de su zar. Reforzado de esta manera, su tiranía re reforzó, y re rodeó de una guardia personal muy temida, la oprichniki, precursores de las SS y que juraban lealtad hasta la muerte. Sembraron la muerte y la locura allá por donde pasaban. El líder, a su vez, continuaba con las sentencias de muerte y con el diseño de máquinas de tortura, su peculiar hobby. Incluso pasó a cuchillo a una ciudad de su reino, Novgorod, por las sospechas de levantamiento que albergaba. Se estima que pudieron fallecer decapitados, descuartizados o empalados hasta 60.000 habitantes, sin importar si eran hombres, mujeres o niños.
| Iván IV, tras golpear a su hijo |
El fin a tales atrocidades llegó con el caudillo tártaro Devlet Girai, que, desde Crimea, avanzó con sus tropas hasta Moscú, arrasando la ciudad. Iván entró en depresión y se arrepintió de todas sus horribles hazañas. Sin embargo, las tropas rusas se reorganizaron y expulsaron al invasor, y el zar recobró su puesto, aunque con limitaciones. Se perdió la guerra de Livonia, dejando así de controlar una zona tan próspera para el comercio. El zar se centró entonces en el oriente, y contactó con los cosacos para comenzar la conquista del vasto territorio de Siberia. Rusia se convirtió en el país más extenso del mundo, al mismo tiempo que el zar comenzaba su declive, pero no sin abandonar su horrenda fama. Mató a su hijo Iván Ivanovich, su heredero, de un golpe en la cabeza con un bastón. Delirio y depresión fueron sus compañeros de viaje.
El 18 de marzo de 1584, durante una partida de ajedrez, el zar se convulsionó y falleció, a los 53 años de edad.
Su maldad y locura, investigadas tiempo después, parecen haber sido provocadas por la ingesta de grandes dosis de mercurio, tratamiento habitual de la época para los casos de sífilis, enfermedad que el Terrible sufría por sus escarceos amorosos. El primer zar de Rusia resultó ser el más terrible de los tiranos.
"Desde los tiempos de Adán hasta este día, he sobrepasado a todos los pecadores. Bestial y corrompido, he ensuciado mi alma"
Iván el Terrible

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