
Si la gente escucha el nombre de Michael Collins, la gran mayoría no sabrá de quién vamos a
hablar aquí. Algunos pensarán que es un nombre demasiado común, a otros les sonará a cantante y el resto, simplemente, se encogerá de hombros.
En cambio, si se pronuncia el nombre de Neil Armstrong, quitando a los despistados que le vean subido a una bicicleta o tocando la trompeta, mucha de esa misma gente sabrá que fue el primer hombre en pisar la Luna (o no, teorías hay de todo tipo y para todos los gustos).
Incluso Buzz Aldrin, segundo de a bordo en el Apolo 11 sería recordado por una amplia mayoría de las personas encuestadas. "Un astronauta", dirán, "que estuvo en la Luna". Y no errarían. Aldrin fue el compañero de Armstrong en aquel módulo lunar que les hizo pasar a la Historia de la humanidad.
Pero había un tercer hombre en aquella misión. Michael Collins. Astronauta estadounidense que la suerte quiso que naciera en Roma y que quedará en los libros como "el hombre que no pisó la Luna". Cuando aquel 21 de julio de 1969 Neil Armstrong descendía los peldaños de la nave para pronunciar sus famosas palabras: "That's one small step for a man, one giant leap for mankind" o lo que es lo mismo "Este es un pequeño paso para el hombre, pero un gran salto para la humanidad", Collins dirigía el módulo 'Columbia'.
Años y años de guerra espacial habían llevado a EEUU y a la URSS a gastarse un dineral con un único objetivo, ser los primeros en conquistar la Luna, el satélite terrestre. Cuando Yuri Gagarin fue puesto en órbita, siendo el primer ser humano en lograrlo, fue una bofetada en la cara para América y para su orgullo.
Los Estados Unidos de América no podían permitirse estar por detrás de los soviéticos y debían ser los primeros en llegar a la Luna. Posar la bandera de las barras y estrellas antes que la hoz y el martillo lo lograsen.
Así, se puso en marcha el programa Apolo. Un programa puesto en marcha con el objetivo de llegar a la Luna. Y llegó. En varias ocasiones, no exentas de fracasos (como el Apolo 13). Pero si una misión será recordada para siempre será sin duda el Apolo 11. La primera vez que el hombre pisaba la Luna.
El 16 de julio se lanzaba la misión. El Columbia llevaría a los tres astronautas hasta la órbita lunar y una vez allí, Armstrong y Aldrin se subirían al Eagle, el módulo que les llevaría hasta la superficie lunar, en el Mar de la Tranquilidad.
Y mientras Armstrong pronunciaba su famoso discurso y se divertía con Aldrin dejando huellas en la superficie lunar y haciéndose fotos con la bandera norteamericana, un hombre seguía orbitando la Luna. Michael Collins no bajó a la superficie, se quedó en el Columbia, orbitando a la espera de sus dos compañeros de expedición, a los que no vería desde su posición mientras ellos daban saltitos por culpa de la baja gravedad lunar.
Después se volverían a ensamblar, todos se reunirían y afrontarían el viaje de vuelta a casa. Tras ser rescatados del Océano Pacífico, donde amerizaron, fueron recibidos como héroes por toda la nación, por todo el planeta. Y aunque la Historia sea cruel y margine a nuestro protagonista y sólo recuerde a Armstrong y a Aldrin, hay que recordar que hubo un tercer hombre, un tercer héroe. Michael Collins.








