miércoles, 11 de enero de 2012

Maratón: una carrera que salvó una ciudad

La leyenda cuenta que Filípides, ciudadano ateniense, recorrió la distancia entre la llanura de Maratón y Atenas para dar la noticia de la victoria griega sobre las hordas persas. De ahí proviene la prueba deportiva consistente en recorrer 42.195 metros, que es olímpica desde 1896. Pero la historia no es así, o, por lo menos, no del todo así.
Relatan las crónicas que corría el año 499 a.C. cuando en Mileto y Éfeso, pueblos jonios bajo dominio del imperio persa, se encendió la mecha de la sublevación. Estas dos regiones, en el límite occidental del territorio persa, contaron con el apoyo de Atenas y Eretria en su lucha, pero no fue suficiente, y los persas retomaron el control de la zona en el 493 a.C. Todas las ciudades griegas, excepto Atenas y Esparta, pasaron a formar parte del imperio persa, y éste fue, además, el punto de partida de las guerras médicas, que tendrían lugar entre estas dos ciudades y el gran imperio de Darío I.
El mandatario no olvidó el apoyo de los atenienses a los sublevados, y en el 490 a.C. urdió un plan para vengarse de aquellos que habían ayudado a los rebeldes, y así poder controlar Grecia, y disponer de una puerta abierta hacia el continente europeo.
Un ejército de 25.000 hombres partieron por mar de Cicilia (en la actual Turquía) con una única misión: destruir las polis griegas. El ejército persa, liderado por Artafernes (sobrino de Darío I), desembarcó a cuarenta kilómetros al noroeste de Atenas, en la llanura de Maratón. La zona, protegida por un pantano, era propicia para la temida caballería persa. El ejército imperial confiaba totalmente en la victoria.
Hoplita
Mientras, los atenienses se apresuraban a crear un ejército capaz de plantarles cara a las invictas tropas persas. Reunieron 11.000 hombres provenientes de las diez tribus áticas, que lucharían hasta el final contra los invasores, siguiendo las órdenes del estratega Milcíades. Eran hoplitas, soldados de infantería pesada, cuya principal arma era el dory o doru, una lanza de hasta tres metros de largo y 2 kg de peso, culminada con una mortífera punta de hierro.
Las tropas atenienses salieron de la ciudad (contra su costumbre bélica) y, siguiendo órdenes de Milcíades, se dirigieron a Maratón, donde aguardaban los persas. Y con la ciudad vacía, surgió la figura de Filípides, el mejor corredor ateniense, que, raudo y veloz, partió hacia Esparta con la misión de pedir ayuda. 246 kilómetros que, según las crónicas de Heródoto, tardó en recorrer tan sólo dos días. A su llegada a Esparta, la ciudad aceptó prestar ayuda, pese a las rencillas con Atenas. Decidieron que partirían pasada una semana, pues se encontraban en plena celebración religiosa.
Representación de Filípides
Los atenienses se desplegaron por las montañas que circundaban la llanura, y permanecieron seis días sin hacer movimiento alguno, atemorizados ante el potencial persa y aguardando la llegada de las tropas espartana. El plan de Datis, comandante persa, se basaba en aguardar una rebelión interna en la ciudad. Para ello, embarcó a toda su caballería, y ordenó que se dirigiera al puerto ateniense.  Cuando los griegos descubrieron la estrategia enemiga, Milcíades mandó atacar inmediatamente a la infantería persa, que estaba desprotegida sin la presencia de la caballería. El ataque a la carrera de los hoplitas (una innovación obra de Milcíades) sorprendió a las tropas imperiales, peor armadas, que cayeron derrotadas a pesar de triplicar en número a los atenienses.
En la retirada, Milcíades trató de todas las formas de evitar que los persas alcanzasen sus barcos, pues aún podrían atacar la ciudad desde el mar. A pesar de sus esfuerzos, los soldados derrotados lograron zarpar en dirección al puerto ateniense. Milcíades debía hacer saber a su ciudad de la victoria de los hoplitas, para evitar así una rendición de la población ante la llegada de la flota persa.
La noticia fue llevada por un hemerodromos (o mensajero profesional) llamado Tersipo. Recorrió los 42 kilómetros entre Maratón y Atenas en apenas dos horas, y con su último aliento comunicó la gran victoria de los atenienses a la ciudad. Mientras Melcíades regresaba con el ejército a Atenas, los ciudadanos se dispusieron cual soldados, haciendo ver a los persas que la ciudad se encontraba mejor defendida de lo que en realidad estaba. El ejército imperial se retiró y la ciudad quedó, por esta vez, a salvo de las tropas persas. Diez años más tarde, el invasor volvería, liderado por Jerjes I, y chocaría con la resistencia griega, con Leónidas al frente, en el paso de las Termópilas. Pero esa ya es otra página de la Historia. 
En definitiva, la heroicidad de recorrer los 42 kilómetros, que a partir de los primeros Juegos Olímpicos de la Edad Moderna en 1896 inspiraron la prueba de la maratón, no fue llevada a cabo por Filípides, como se cree popularmente, sino por el hoy casi olvidado Tersipo, el salvador de Atenas, que falleció al realizar un anuncio que salvó su ciudad. 

Os dejamos un vídeo en que se recogen tanto la batalla de Maratón como la del paso de las Termópilas. 



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