En junio de 1946, los ejércitos de Hitler ya habían conquistado Polonia, Noruega, Holanda, Bélgica, Luxemburgo, Dinamarca y Francia. Toda Europa continental se encuentra a sus pies, pero una isla se le resiste. Gran Bretaña, tras el canal de la Mancha, no acepta las condiciones de paz de los alemanes, y la guerra continúa entre ambas potencias. Hitler ordena proyectar la invasión de Gran Bretaña, pero se comenten errores que serán decisivos para el devenir del ataque, y, por supuesto, de la guerra.
La Luftwaffe, el ejército del aire nazi, es la fuerza aérea más poderosa del mundo, y controla todo el cielo europeo continental. Enfrente, la RAF (Rel Fuerza Aérea), el ejército del aire inglés, que ya se ha enfrentado a los alemanes en el avance sobre Francia. Gran Bretaña lleva varios años preparándose para la invasión, con la construcción de un sistema de radares en sur, y el establecimiento de mil puntos de avistamiento de aviones enemigos.
Los altos mandos alemanes están completamente confiados y convencidos de la victoria. El jefe de la Luftwaffe, Hermann Goering asegura a Hitler que pueden destruir la RAF en tan sólo cuatro semanas, dando así a Alemania la supremacía en el aire. A principios de julio, casi 3.000 aeronaves alemanas están listas para la batalla, mientras que la RAF tan sólo dispone de 660 utilizables. Los aviones alemanes son superiores a los ingleses, y sus pilotos están mejor entrenados y tienen más experiencia. Todo apunta a una nueva victoria de la invencible Luftwaffe, que posibilitará una invasión por mar que hará caer a Gran Bretaña bajo dominio nazi. Pero los errores se pagan caros en la guerra.
| Radar de la RAF |
El primero es subestimar las fuerzas del enemigo. Contabilizan muy por debajo el número de unidades de la RAF, así como el ritmo mensual de producción de aviones. Ostro, agente doble, engaña a los alemanes en la cifra. Otro error es no tener en cuenta las capacidades de los aviones ingleses: Hurricane y Spitfire, los más avanzados del mundo, con motor Rolls-Royce, y una gran estabilidad a la hora de disparar. Pero sin duda alguna, el error de mayor magnitud es el de no tener en cuenta el sistema de radares de la RAF.
Los alemanes saben de la existencia de las torres de radar, pero no las interpretan como un blanco a destruir, pues desconocen la información que proporciona a las fuerzas inglesas en el aire. No les dan importancia, y las ignoran, lo que, a la postre, supondría la clave de la derrota alemana.
El radar se desarrolla desde 1935, pero los nazis no lo utilizan. Piensan que sus ciudades están sobradamente protegidas, así que no lo desarrollan ni lo implantan. Con la ayuda del radar, los ingleses pueden detectar la salida de los aviones desde el otro lado del canal de la Mancha, lo que les proporciona tiempo para despegar y atacar sobre el mar, antes de que lleguen a tierra firme. En los meses posteriores, las fuerzas de la RAF rechazarían los ataque de la Luftwaffe, y lograrían derrotarla en la mayor batalla aérea vista hasta la fecha.
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